Hace mucho tiempo, vivi贸 un emperador cuya preocupaci贸n suprema era estrenar cuantos m谩s vestidos mejor, gastando su fortuna en telas muy finas y los m谩s afamados sastres.
Dos granujas a cuyos o铆dos 馃憘 lleg贸 la pasi贸n del monarca , llamaron a su puerta 馃毆 para vaciarle sus arcas . Le ofrecieron confeccionar el vestido m谩s maravilloso nunca visto, con telas m谩s finas y delicadas que las m谩s sutiles telara帽as. Pero claro, advirtieron los granujas, telas y vestidos tan excelsos y elegantes no eran vistos por los estupidos o por los incompetentes en su cargo...
Aquello interes贸 mucho al emperador , pues podr铆a averiguar quien no era adecuado para su servicio , y encarg贸 el vestido de excepci贸n. Los granujas montaron sus telares en palacio y fueron exigiendo dinero 馃挼 y m谩s dinero para su gran obra. Todos los cortesanos que se acercaban , ninguna pieza ve铆an en el telar . Solo los fingidos movimientos de los falsos sastres ante el telar vac铆o. Pero ninguno se atrev铆a a decir que nada ve铆a, por temor a ser despedido del Palacio.
Tampoco el emperador se atrevi贸 a decir que no ve铆a nada, solo su cuerpo desnudo, cuando los farsantes le hicieron probar el pretendido vestido ante el espejo ¡ Iban a decir que un incompetente ocupaba el trono! Y afirm贸 que lucir铆a encantado tal magn铆fico ropaje en el pr贸ximo cortejo solemne del reino.
Todo el populacho quedo con la boca 馃憚 abierta cuando vio desfilar a su emperador sin ropas , pero enseguida prorrumpi贸 en vivas por el maravilloso vestido, pues nadie quer铆a pasar por necio o estupido.
- ¡ El emperador no lleva nada puesto! - exclam贸 , sin embargo , una ni帽a 馃懅馃徏 muy peque帽a. Por un momento , se hizo el silencio 馃檴 m谩s absoluto.
Hab铆a hablado la voz de la inocencia. El emperador tambi茅n hab铆a llegado a la conclusi贸n de que lo hab铆an timado . Pero se irgui贸 m谩s, y sigui贸 el cortejo adelante, como si nada , a pesar de que todo el mundo empezaba a re铆r 馃槅 y a gritar que su emperador iba desnudo por la vida.
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