Un maestro fundidor estaba fundiendo botones de esta帽o , cuando se le acerc贸 el demonio 馃懣 y, luego de saludarlo , le pregunto que estaba haciendo.
- Pues ...fundiendo ojos 馃憖 estoy , se帽or demonio 馃槇.
Interesado , el maligno le pregunto si podr铆a tambi茅n fundir unos nuevos ojos 馃憖 para el.
El fundidor contest贸 afirmativamente, pero que necesitaba una pomada para aplicar previamente a los ojos 馃憖, de la cual no dispon铆a en aquel instante.
Al demonio 馃懣 no le pareci贸 mal volver en otro momento , puesto que despu茅s de tantos siglos de vista cansada 馃槳 no le importaba esperar unos d铆as.
Cuando el demonio 馃懣 volvi贸 a visitar al maestro fundidor , este le pregunt贸:
- ¿Quieres ojos 馃憖 grandes o peque帽os?
- ¡ Los m谩s grandes que tengas ! - dijo el infernal personaje.
Meti贸 entonces el hombre 馃懆馃徎 una buena cantidad de esta帽o en la cuchara 馃 de fundir y advirti贸 al demonio que ten铆a que atarlo con una buena soga , pues , caso contrario , no podr铆a fundir.
Todo estaba justificado por obtener un buen par de nuevos ojos 馃憖 y el diablo , coloc谩ndose boca arriba 馃憜 en un banco , permiti贸 que el maestro fundidor lo atara fuertemente con una resistente cuerda.
- ¿ Cual es tu nombre , por cierto , maestro fundidor? - quiso saber el demonio 馃槇.
- “ Yo mismo “ es como me llamo - respondi贸 el artesano -. Y ahora abre bien los ojos 馃憖 y no te muevas ni un mil铆metro , que voy a ponerte la pomada en los ojos 馃憖.
Pero lo que el maestro fundidor puso en los ojos 馃憖 del demonio 馃槇, fue el esta帽o hirviendo que acababa de fundir. El dolor 馃槶 fue tan terrible que el demonio 馃懣 se puso de pie de un salto y sali贸 corriendo de la fragua con el banco atado a su espalda. En el campo , sus servidores estaban recogiendo la fruta 馃崌 y, al ver pasar corriendo al demonio 馃懣 con tan terribles heridas en el rostro , le preguntaron , ¿ Quien te hizo eso?
- ¡ “ Yo mismo “! - gritaba el demonio 馃懣 con desesperaci贸n, mientras segu铆a gritando 馃槺 y corriendo .
Al o铆rlo , sus servidores empezaron a re铆r 馃槅 sin parar.
Pero el demonio 馃懣 no pudo resistir tan horrible dolor 馃槶 y muri贸 al poco rato , de esa manera los pobres aldeanos se quedaron sin demonio 馃懣 y, desde entonces , ya no saben a quien echarle la culpa de sus desgracias.
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